vendredi 11 mai 2007

Aguántese como los machos...

Después de varios días sin dormir, de no festejar ayer a mi mamá como se debe, de no ir a trabajar desde la semana pasada (consideren que me gusta ir al trabajo), de no ir a celebrar con los amigos que ya terminaron... bueno, después de un buen de privaciones por fin ¡SOY LIBRE! Concluí las dos materias de la Certificación Green Belt Six Sigma con un buen promedio, las otras tres materias del plan también, bueno, menos la de Frank jejeje pero lo importante es que aprendí muchas cosas valiosas en ella, ya soy 93.33333333333333% Ingeniera, y lo mejor de todo, el "Business Plan" ahora si parece lo que es jejejeje, me encanta la palabra "estructura" y vaya que ahora si la tiene! casi lloro cuando lo estaba imprimiendo jaja, bueno ya... basta de esto... apenas es el comienzo, digamos que es apenas el primer ladrillo muestra de la producción...


Pasando a otra cosa en la mañana me estaba acordando de Palaviccini, una muy buena consultora que prácticamente se encargo de echarnos una cubetada bieeen fría de agua a todas las presentes... la vida no es rosa y menos para las mujeres y menos en el mundo empresarial, pero aún así creo que vale la pena, sobre todo cuando lees historias como estas:


Un ave fénix empresarial


Carly Fiorina, otrora CEO de HP, experimenta uno de los renacimientos más espectaculares de la historia moderna de los negocios.
“La victoria tiene muchos padres; la derrota, en cambio, es huérfana.” Ninguna figura empresarial posmoderna comprende mejor el significado de la frase que Carly Fiorina, la polémica exCEO de Hewlett Packard (HP). En 2005, tras haber llevado a cabo una de las fusiones más complejas de la era moderna, la compra de Compaq, y haber estado al frente de HP por poco más de 6 años, Fiorina fue despedida de la compañía. ¿La razón? Bajo la óptica del Consejo de Directores, su controvertido estilo personal –fundamentado en la innovación, el riesgo y el foco en la mercadotecnia- había nublado su visión estratégica. De seguir al mando, argumentaban los detractores de Fiorina, HP corría el riesgo de hundirse en malos resultados financieros.A dos años de distancia, HP luce sana y prometedora; sin embargo, no todos le están dando el ciento por ciento del crédito a Mark Hurd, el nuevo CEO. De hecho, un sector importante de los analistas más reconocidos de la industria apunta que, en realidad, HP está capitalizando hoy las medidas duras y difíciles implementadas por Fiorina, incluidas, claro está, las referentes a la fusión con Compaq. “¿Así que Carly estuvo en lo correcto todo este tiempo?”, se preguntaron los editores de The Wall Street Journal hace apenas unos meses en un reportaje sobre HP. Así es: Fiorina está experimentando uno de los renacimientos más espectaculares de la historia de los negocios y, para celebrarlo, ha escrito Tough Choices, un libro de memorias que se ha convertido en uno de los best-sellers del año. El éxito del libro reafirma la veracidad de otro refrán popular: “la venganza es un platillo que se disfruta más cuando se sirve frío.” A continuación, Fiorina recuerda en exclusiva el momento en que tomó la decisión de no dejarse afectar por los prejuicios ajenos.Los desafíos se configuran cuando la ocasión demanda tu mejor esfuerzo posible en una coyuntura en la que la derrota es un escenario probable. El mejor aprendizaje se da cuando se acepta ese desafío. Ser mujer en un mundo controlado por hombres es una carga, siempre es una carga, sobre todo cuando te encuentras en un nivel medio. Antes de entrar a HP, cuando trabajé en AT&T, un colega cuestionó mi capacidad para mantenerme fría durante una presentación de ventas por el simple hecho de que era mujer. Sus comentarios eran extremadamente sexistas: “Ustedes las mujeres no saben trabajar bajo presión, y en las juntas de ventas hay mucha presión. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no estás con tu esposo e hijo?” Yo respondí de la mejor manera que pude y le aseguré que yo no me “rompía” ante la presión. Y era verdad: era la mejor calificada para el empleo, y por mucho la mejor comunicadora de la compañía. Sin embargo, el comentario me hirió profundamente, sobre todo porque no era la primera vez que me topaba con esa clase de actitud. Ya era común encontrarme con ejecutivos escépticos que me preguntaban qué hacía mi marido o quién se dedicaba a cuidar a mis hijos. Preguntas que, desde luego, nunca le hacían a mis contrapartes masculinas.
Cuando llegué a mi casa, hable por teléfono con mi amiga Carole Spurrier, con quien trabajé mucho tiempo en el departamento de ingeniería de la compañía, y le conté lo sucedido. Carole, toda una experta en manejar situaciones difíciles, se río de la situación: “Le hubieras dicho que todo iba a estar bien en las juntas siempre y cuando las realizaran cuando no estuvieras en tu periodo.” ¡Qué gran respuesta! Envidié el hecho de no haber pensado en ella. Esa noche, tras llorar durante media hora, tomé una decisión: nunca más me dejaría perturbar por los prejuicios de los demás. No iba a dejar que la estrechez mental de algunas personas se convirtiera en una carga para mí. La vida no es justa, y es mucho más injusta para las mujeres.Esa es una realidad, pero no iba a dejar que esa realidad me derrotara. Iba a conseguir todas las metas profesionales que pudiera conseguir. Punto. Si algunos pensaban que no merecía alcanzar esas metas, pues ése era su problema, no el mío. No iba a llorar por ello, nunca más. Cuando el Consejo de Directores de HP optó por despedirme, estuve a punto de llorar nuevamente; no obstante, recordé mi promesa y no lo hice. Decidí guardar mis lágrimas para asuntos más importantes, como mi familia, la belleza de la naturaleza, la música de Beethoven, mis amigos, la bondad de las personas, su sabiduría, sus tragedias y sus triunfos.
Intermanagers 2007

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